Nos dijeron que para estar bien había que hacerlo todo: llevar un diario de gratitud, planificar cada semana, hacer ejercicio, reflexionar a diario y registrar la vida en mil aplicaciones distintas. El resultado no ha sido más calma, sino más estrés y culpa. En este artículo exploro cómo el bienestar se ha convertido en otra exigencia más, por qué no es un problema de disciplina sino de saturación, y cómo simplificar de verdad a través de un enfoque de coaching de vida y coaching profesional que prioriza criterio, sostenibilidad y sentido común por encima del agotamiento.

