El agotamiento de hacerlo todo bien (y cómo salir de ahí)
Vivimos en una época curiosa. Nunca ha habido tanta información sobre bienestar, desarrollo personal y productividad… y, al mismo tiempo, nunca hemos estado tan cansados. ¿Te ha pasado alguna vez que sientes que el autocuidado se convierte en una fuente de estrés? Entonces, sigue leyendo.

Para estar “bien” parece que hoy hay que hacerlo todo:
- Llevar un diario de gratitud
- Tener un planning semanal impecable
- Escribir un diario de reflexión emocional
- Hacer ejercicio varias veces por semana
- Meditar
- Dormir 8 horas
- Registrar hábitos
- Usar tres o cuatro aplicaciones distintas para organizar la vida
- Y, por supuesto, hacerlo con constancia y sin fallar
El resultado es bastante predecible: estrés asegurado.
Pero aquí viene la trampa más sofisticada.
Si haces todo eso, te agotas.
Y si no lo haces, aparece la culpa: “debería estar haciéndolo”.
Así que, hagas lo que hagas, algo dentro de ti siente que no es suficiente.
El bienestar convertido en una lista infinita de tareas y una fuente de estrés
Lo que empezó como una invitación al autocuidado se ha transformado en una especie de productividad emocional.
Ahora no solo hay que rendir bien en el trabajo, sino también en la gestión de la vida interior.
El problema no es el diario, ni el deporte, ni la planificación.
El problema es la idea implícita de que si no haces todo lo que tienes en la lista, algo está mal contigo.
Y ahí es donde muchas personas que llegan a procesos de coaching expresan lo mismo:
“Sé lo que tendría que hacer para estar mejor, pero no lo hago… y eso me hace sentir peor.”
No es falta de disciplina.
Es saturación.
Cuando el autocuidado se vuelve otra exigencia más
Muchas personas viven atrapadas entre dos opciones igual de agotadoras:
- Hacerlo todo, sosteniendo rutinas imposibles, con la sensación constante de no conseguir hacer todo.
- No hacerlo, pero cargar con la culpa de no estar “trabajando en sí mismas.”
Este ciclo genera ansiedad, frustración y una sensación difusa de fracaso personal.
Y no, no se soluciona con otra app más.
Entonces… ¿qué hacemos?
Aquí van algunas soluciones reales, no heroicas, que sí funcionan y que trabajamos mucho en procesos de coaching de vida y coaching profesional.
1. Cambia la lógica: menos herramientas, más criterio
No necesitas diez prácticas.
Necesitas una o dos que realmente encajen contigo y con tu momento vital.
El bienestar no es acumulativo.
No estás mejor por hacer más cosas, sino por hacer las adecuadas para ti.
Pregúntate:
- ¿Esto me sostiene o me drena?
- ¿Cuál es mi principal fuente de estrés?
- ¿Lo hago porque me ayuda o porque “debería”?
2. Deja de intentar gestionarlo todo a la vez
Planificar, reflexionar, sentir, avanzar profesionalmente, cuidarte físicamente… todo eso no tiene que ocurrir al mismo tiempo y con la misma intensidad.
Hay temporadas para ordenar, y temporadas para sostener.
Pretender optimizarlo todo a la vez es una receta segura para el agotamiento.
3. Simplifica radicalmente
Un cuaderno puede sustituir cinco aplicaciones.
Una pregunta bien hecha puede sustituir páginas de journaling.
Ejemplo simple:
En lugar de un diario eterno, prueba con una sola pregunta al día:
“¿Qué necesito hoy para estar un poco mejor?”
Nada más.
4. Acepta que “no hacerlo todo” también es autocuidado
Esto cuesta, pero es clave.
Descansar de las herramientas también es una decisión consciente.
No llevar un diario durante un tiempo no significa abandono.
Puede significar que estás escuchándote.
5. El coaching no es añadir más tareas, es quitar fuentes de estrés innecesarias
Un buen proceso de coaching de vida o coaching profesional no consiste en darte más cosas que hacer, sino en ayudarte a:
- Priorizar
- Elegir con criterio
- Soltar expectativas que no son tuyas
- Construir una forma de vivir y trabajar que sea sostenible, no perfecta
A veces, el mayor avance es dejar de exigirte tanto.
Estar bien no debería sentirse como otro trabajo a tiempo completo
Si cuidarte se ha convertido en una fuente de estrés más, algo necesita ajustarse.
No tú.
El enfoque.
El bienestar real no se mide por la cantidad de hábitos que sostienes, sino por la calma interna con la que habitas tu vida profesional y personal.
Y eso, paradójicamente, suele empezar cuando dejamos de intentar hacerlo todo “bien” y empezamos a hacerlo más a nuestra manera.

